Contaminación cruzada de alimentos: qué es, ejemplos y cómo evitarla

Hay errores en una cocina que se ven enseguida. Un alimento en mal estado, una superficie con restos de comida o un recipiente que se ha derramado llaman la atención. La contaminación cruzada de alimentos, en cambio, muchas veces pasa inadvertida.

Un ejemplo muy habitual ayuda a entenderlo.

Cortamos pollo crudo sobre una tabla. Retiramos el pollo y, poco después, utilizamos esa misma superficie para picar tomate o lechuga. Si la tabla no se ha limpiado e higienizado correctamente entre una tarea y otra, los microorganismos presentes en el alimento crudo pueden llegar a la ensalada.

Y la ensalada no va a cocinarse después.

Ese es precisamente uno de los problemas de la contaminación cruzada de alimentos: el alimento afectado puede seguir teniendo buen aspecto, buen olor e incluso buen sabor.

En una cocina profesional hay además muchas más posibilidades de transferencia. Las manos, un cuchillo, unas pinzas, un paño, el tirador de una cámara o incluso el móvil pueden convertirse en el punto intermedio entre un alimento contaminado y otro que estaba listo para consumir.

Por eso, más que fijarnos únicamente en si algo parece limpio, conviene pensar en el recorrido que ha seguido.

¿Qué es la contaminación cruzada de alimentos?

La contaminación cruzada de alimentos ocurre cuando microorganismos u otros contaminantes pasan de un alimento, una persona, una superficie o un utensilio a otro alimento que hasta ese momento no estaba contaminado.

Puede producirse de forma directa, por ejemplo cuando los líquidos de una carne cruda entran en contacto con otro producto, o indirectamente mediante una tabla, unas manos o un cuchillo.

Si seguimos con el ejemplo anterior, el recorrido sería bastante fácil de identificar:

  • el pollo crudo es la posible fuente;
  • la tabla actúa como vehículo;
  • la ensalada recibe la contaminación.

Este tipo de situaciones preocupa especialmente cuando hablamos de alimentos listos para consumir, ya que no habrá necesariamente una cocción posterior que permita reducir determinados riesgos microbiológicos.

Una ensalada, fruta preparada, pan, una guarnición terminada o un plato que acaba de emplatarse pueden contaminarse durante los últimos minutos de preparación.

Y ese es un detalle importante: una preparación puede haberse hecho correctamente durante casi todo el proceso y estropearse al final por una mala manipulación.

Tipos de contaminación cruzada

Aunque en el trabajo diario pueden intervenir varias rutas a la vez, habitualmente se distingue entre contaminación cruzada de alimentos directa e indirecta.

Contaminación cruzada directa

Se produce cuando un alimento contaminado, o los líquidos que desprende, entra en contacto con otro alimento.

Un caso bastante fácil de imaginar ocurre dentro del frigorífico.

Colocamos carne cruda en una balda superior y debajo tenemos una elaboración ya preparada. Si el recipiente pierde líquido y este cae sobre el alimento situado debajo, se produce una contaminación directa.

También puede ocurrir durante la preparación si:

  • alimentos crudos entran en contacto con productos ya cocinados;
  • vegetales sin lavar se mezclan con ingredientes preparados;
  • los líquidos de descongelación alcanzan otros alimentos;
  • una materia prima cruda toca una preparación terminada.

Por este motivo, cuando hablamos de separar alimentos no nos referimos únicamente a utilizar tablas distintas. También importa cómo los almacenamos, qué recipientes utilizamos y en qué lugar de la cámara los colocamos.

Contaminación cruzada indirecta

Aquí aparece un elemento intermedio.

Puede ser una mano, una tabla, un cuchillo, unas pinzas, una bandeja, un paño, un recipiente o una superficie de trabajo.

Imaginemos que manipulamos carne cruda, abrimos el frigorífico y después continuamos preparando un bocadillo sin lavarnos las manos. La carne y el bocadillo nunca han estado en contacto, pero nosotros hemos creado el puente entre ambos.

Algo parecido puede pasar con el tirador de una cámara, un grifo o un recipiente.

A veces el recorrido tiene varios pasos:

alimento crudo → mano → tirador → mano → alimento preparado.

Cuando revisamos una cocina con este enfoque resulta mucho más fácil entender por qué una buena higiene no consiste simplemente en limpiar lo que vemos sucio.

¿Y qué ocurre con los alérgenos?

En el caso de los alérgenos resulta más preciso hablar de contacto cruzado.

Sucede cuando un alimento que contiene un alérgeno entra accidentalmente en contacto con otro que no debería contenerlo.

Puede ocurrir, por ejemplo, si se utiliza la misma batidora para una preparación con frutos secos y posteriormente para otra receta sin realizar correctamente la limpieza necesaria.

También aquí pueden intervenir manos, cuchillos, tablas, recipientes o superficies.

Hay además una diferencia importante respecto a muchos peligros microbiológicos: no debemos confiar en la cocción como método para eliminar un alérgeno. La prevención tiene que hacerse antes, controlando ingredientes, utensilios y procesos.

Ejemplos de contaminación cruzada en una cocina

En nuestro día a día tendemos a asociar la contaminación cruzada con el típico ejemplo del pollo y la ensalada, pero hay bastantes situaciones menos evidentes.

Utilizar la misma tabla para alimentos crudos y una ensalada

Después de cortar pollo, carne o pescado crudo, retirar los restos visibles no significa que la superficie esté preparada para utilizarse con otro alimento.

Antes de cambiar de tarea hay que aplicar el procedimiento de limpieza e higiene que corresponda o utilizar un utensilio diferente.

Usar las mismas pinzas antes y después de cocinar

Es fácil que ocurra en una plancha o barbacoa.

Utilizamos unas pinzas para colocar carne cruda sobre la superficie caliente y, cuando termina la cocción, empleamos las mismas para retirarla.

En ese momento podemos volver a contaminar un producto que acabamos de cocinar correctamente.

Colocar alimentos crudos sobre elaboraciones terminadas

El orden en una cámara frigorífica no es un asunto meramente organizativo.

Una bandeja con carne cruda situada encima de alimentos preparados puede generar un problema si hay fugas o derrames.

Los productos deben mantenerse protegidos y colocarse de forma que los alimentos crudos no puedan contaminar preparaciones listas para consumir.

Limpiar varias zonas con el mismo paño

Un paño puede retirar suciedad de una superficie y depositarla después en otra.

Cuando se utiliza indiscriminadamente por toda la cocina, puede terminar funcionando como vehículo de contaminación.

Por eso conviene establecer usos definidos, sustituirlo con la frecuencia necesaria y gestionarlo como cualquier otro elemento que interviene en la higiene.

Tocar el móvil y continuar cocinando

El teléfono aparece constantemente en las cocinas: para consultar un pedido, responder un mensaje o comprobar una reserva.

El problema surge cuando lo tocamos y seguimos manipulando alimentos sin lavarnos de nuevo las manos cuando corresponde.

Lo mismo puede ocurrir con dinero, residuos, cajas, pomos o embalajes.

En esos momentos hay una pregunta muy sencilla que ayuda bastante:

¿qué he tocado desde la última vez que me lavé las manos?

Probar una salsa con la misma cuchara

Probar una elaboración es normal. Volver a introducir la misma cuchara después de haberla llevado a la boca no lo es.

Es un ejemplo pequeño, pero muestra bien cómo una contaminación cruzada de alimentos puede aparecer en gestos aparentemente insignificantes.

Colocar cajas o embalajes sobre una mesa de preparación

Los envases exteriores han pasado antes por almacenes, transporte y zonas de recepción.

Por eso no deberían tratarse automáticamente como si fueran material limpio de cocina.

En negocios alimentarios conviene definir bien qué entra en las zonas de preparación y cómo se organiza el tránsito entre recepción, almacén y cocina.

¿Por qué puede ser peligrosa aunque el alimento parezca estar bien?

Porque nuestros sentidos tienen límites.

Un alimento puede verse perfectamente, no desprender ningún olor extraño y, aun así, haber estado expuesto a microorganismos.

Entre los microorganismos relacionados con enfermedades transmitidas por alimentos se encuentran bacterias como Salmonella, Campylobacter o determinadas cepas de Escherichia coli.

Esto no significa que cualquier contacto provoque necesariamente una intoxicación. Sí significa que una manipulación incorrecta puede introducir un peligro que antes no estaba presente.

El riesgo merece especial atención cuando el alimento se consume directamente.

Si una ensalada se contamina después de cortarla, probablemente no pasará posteriormente por una temperatura de cocción. Lo mismo ocurre con pan, fruta preparada o determinados platos que ya están listos para el servicio.

Por eso en cocina no solo importa cómo se cocina un alimento. Importa también qué ocurre después.

contaminacion-cruzada-de-alimentos

Cómo evitar la contaminación cruzada de alimentos

No hace falta convertir una cocina en un laboratorio. La mayoría de las medidas parten de unas buenas prácticas bastante conocidas: lavarse correctamente las manos, separar productos, limpiar y desinfectar cuando sea necesario y almacenar cada alimento de forma adecuada.

Lo difícil no suele ser conocerlas. Lo difícil es mantenerlas cuando hay veinte comandas esperando.

Lávate las manos cuando cambias de tarea

Las manos intervienen prácticamente en todo lo que hacemos en cocina.

Hay que lavarlas, entre otros momentos, después de manipular determinados alimentos crudos, utilizar el aseo, tocar residuos o realizar tareas que puedan contaminarlas antes de volver a manipular alimentos.

Los guantes no solucionan por sí solos este problema.

Un guante que toca pollo crudo y después una ensalada puede trasladar contaminación igual que una mano. Utilizarlos correctamente implica cambiarlos cuando corresponda y mantener igualmente una higiene adecuada.

Mantén separados los alimentos crudos y los listos para consumir

La separación puede hacerse de varias maneras.

En algunas cocinas hay zonas y utensilios específicos. En otras, por espacio o volumen de trabajo, resulta más práctico separar las tareas por momentos.

Por ejemplo: se termina primero el trabajo con alimentos crudos, se retiran, se limpia y desinfecta la zona según el procedimiento establecido y después se empieza con las preparaciones que van a servirse directamente.

No siempre hace falta disponer de una tabla para cada ingrediente, pero sí evitar que una misma superficie pase de una tarea a otra sin control.

Los códigos de colores pueden ser útiles para distinguir tablas o utensilios, sobre todo en cocinas con varios trabajadores. Ahora bien, comprar tablas de distintos colores no sirve de mucho si cada turno las utiliza de una manera diferente. El sistema tiene que ser sencillo y conocido por todos.

QUIERO REALIZAR EL CURSO DE MANIPULACIÓN DE ALIMENTOS CON HAYEK

¡CONTACTA AHORA!

Cocina correctamente y evita volver a contaminar el alimento

La cocción ayuda a controlar muchos peligros microbiológicos, pero no corrige lo que ocurra después.

Pensemos en una hamburguesa que sale de la plancha y vuelve a la misma bandeja donde estuvo la carne cruda. O en unas pinzas que se utilizaron al principio de la cocción y vuelven a tocar el producto justo antes de servirlo.

El fallo no ha estado en la temperatura de cocinado. Ha aparecido después.

Es algo que merece atención porque muchas veces damos por terminado el riesgo en cuanto el alimento sale del fuego. En realidad, desde ese momento hasta que llega al plato todavía puede pasar por manos, platos, bandejas, utensilios y superficies.

Guarda los alimentos de forma que no puedan contaminarse entre ellos

Una cámara ordenada facilita el trabajo, pero también ayuda a reducir riesgos. Los alimentos crudos deben permanecer correctamente protegidos y colocados de manera que no puedan gotear sobre productos cocinados o listos para consumir. También conviene revisar recipientes abiertos, bolsas mal cerradas, bandejas dañadas o cualquier situación que pueda provocar derrames.

No es raro encontrar una cámara aparentemente organizada en la que el verdadero problema está en un recipiente mal tapado. El orden, en este caso, tiene una función sanitaria.

Cómo evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocinados

Separar crudos y cocinados parece una regla sencilla. El problema aparece cuando la cocina empieza a moverse deprisa.

Durante un servicio es fácil ir de una tarea a otra: se prepara carne, se abre la cámara, se monta una ensalada, se vuelve a la plancha y después se emplata. Si no existe un orden claro, aumenta el número de contactos que hay que controlar.

Una buena forma de reducirlos es organizar el trabajo para evitar recorridos innecesarios.

Si se manipulan alimentos crudos, conviene terminar esa tarea antes de pasar a alimentos listos para consumir siempre que la operativa lo permita. Después se limpian y desinfectan las superficies y utensilios que corresponda y se empieza la siguiente elaboración.

También hay que prestar atención a los recipientes.

La bandeja que se utiliza para llevar una pieza cruda a la plancha no debería ser la misma en la que vuelve una vez cocinada, salvo que haya pasado por el procedimiento de higiene adecuado.

Con las pinzas ocurre exactamente lo mismo.

Es un error pequeño, fácil de cometer y bastante representativo de lo que significa una contaminación cruzada en la manipulación de alimentos: el problema no siempre está en el alimento, sino en lo que hacemos entre una fase y otra.

Limpieza y desinfección: no son lo mismo

En cocina se utilizan a menudo como si fueran sinónimos, pero limpiar y desinfectar no significan exactamente lo mismo.

Limpiar consiste en retirar restos de alimentos, grasa, suciedad y otras materias que no deberían permanecer en una superficie. La desinfección se realiza, cuando procede, sobre una superficie previamente limpia y busca reducir los microorganismos hasta niveles adecuados para el uso previsto. El orden importa.

Aplicar un desinfectante sobre una superficie con restos de comida no sustituye a una limpieza correcta. La suciedad puede dificultar la acción del producto y dejar zonas sin tratar adecuadamente.

Tampoco conviene improvisar concentraciones. Usar más cantidad de la indicada no significa conseguir una mejor desinfección. Los productos deben emplearse respetando las instrucciones del fabricante, especialmente la dosis, el tiempo de contacto, las superficies autorizadas y la necesidad de aclarado cuando corresponda.

En una cocina profesional resulta útil dejar estos procedimientos por escrito. No para llenar carpetas, sino para que el turno de mañana y el de tarde hagan las cosas de la misma manera. Qué se limpia, con qué producto, cada cuánto, quién se encarga y cómo se comprueba. Cuando esto queda claro, se reducen muchas decisiones improvisadas.

Errores frecuentes que favorecen la contaminación cruzada

Hay prácticas que se repiten porque parecen inofensivas. Precisamente por eso conviene revisarlas.

“Con guantes no necesito lavarme las manos”

Los guantes también se contaminan.

Si alguien toca carne cruda con ellos y después empieza a preparar una ensalada, el cambio de guante es imprescindible. Lo mismo sucede cuando se toca basura, dinero, el móvil u otras superficies ajenas a la preparación.

El guante es una herramienta, no una barrera infalible.

“La tabla está limpia porque no tiene restos”

Que no veamos restos de comida no significa que la superficie haya quedado higienizada.

Si acaba de utilizarse con un alimento crudo, debe limpiarse y, cuando corresponda, desinfectarse antes de pasar a otro tipo de alimento.

“Este paño sirve para todo”

Un paño que pasa por varias zonas puede ir llevando contaminación de una a otra.

Es uno de esos utensilios que conviene vigilar especialmente porque se utiliza muchas veces durante una jornada y es fácil perder de vista qué superficies ha tocado.

“El pollo se lava antes de cocinar”

Lavar pollo crudo bajo el grifo no es una forma adecuada de eliminar microorganismos.

Además, las salpicaduras pueden alcanzar el fregadero, la encimera, utensilios cercanos o nuestras propias manos. Es decir, una acción que parece destinada a limpiar puede terminar ampliando el área potencialmente contaminada.

La medida importante es manipular el producto correctamente y aplicar una cocción adecuada.

“Ya está cocinado, así que ya no puede pasar nada”

Después de cocinar todavía quedan varios puntos de contacto: bandejas, pinzas, platos, manos y superficies.

Si cualquiera de ellos ha estado en contacto con alimento crudo, puede aparecer una recontaminación.

“Siempre lo hemos hecho así”

Es probablemente una de las frases que más problemas genera en cualquier protocolo de higiene.

Que una práctica se haya repetido durante años sin una incidencia visible no demuestra que sea correcta. Solo demuestra que hasta ese momento no se ha detectado una consecuencia.

En seguridad alimentaria conviene revisar las rutinas precisamente antes de que aparezca el problema.

 

contaminacion-cruzada-en-manipulacion-de-alimentos

Contaminación cruzada y alérgenos: qué diferencia hay

Cuando hablamos de alergias alimentarias, resulta más preciso utilizar el término contacto cruzado.

Ocurre cuando un alérgeno pasa involuntariamente a un alimento que no debería contenerlo.

Imaginemos una batidora utilizada para preparar una salsa con frutos secos. Después se utiliza para otra elaboración que, en principio, no lleva esos ingredientes. Si el equipo no se ha limpiado correctamente, pueden quedar restos del alérgeno.

Lo mismo puede ocurrir con tablas, cuchillos, recipientes, freidoras, manos o superficies.

Hay un matiz importante: retirar posteriormente el ingrediente visible no convierte automáticamente el plato en apto para una persona alérgica.

Tampoco debemos confiar en la cocción para solucionar el contacto cruzado con alérgenos.

La prevención debe empezar antes.

En función del tipo de establecimiento y de las preparaciones que se elaboren, puede ser necesario trabajar con utensilios diferenciados, separar determinadas elaboraciones, organizar el orden de producción o establecer protocolos específicos de limpieza.

Aquí la improvisación tiene poco margen.

El papel del manipulador de alimentos en la prevención

Los protocolos ayudan, pero al final hay personas ejecutándolos.

Un manipulador de alimentos puede disponer de tablas diferenciadas, productos adecuados y una cocina bien equipada. Si no sabe por qué debe cambiar de utensilio o lavarse las manos en un determinado momento, es mucho más fácil que esa medida se abandone cuando aumenta el ritmo de trabajo.

Por eso la formación tiene una utilidad muy práctica. No se trata únicamente de aprender conceptos para obtener un certificado. Se trata de reconocer situaciones reales. Si acabo de manipular pollo crudo y voy a preparar una ensalada, tengo que detectar que estoy cambiando de una tarea con mayor posibilidad de contaminación a otra cuyo alimento probablemente se servirá sin cocción posterior.

Si retiro una hamburguesa de la plancha con las mismas pinzas con las que la coloqué en crudo, tengo que reconocer que estoy creando una posible recontaminación. Si cojo el móvil durante el servicio, debo saber que antes de volver a manipular alimentos quizá necesite lavarme las manos.

Ahí es donde la formación empieza a tener sentido en una cocina de verdad.

Lavado de manos y cambios de tarea

Más que memorizar una lista interminable de momentos, hay una pregunta que ayuda mucho:

¿qué estaba haciendo justo antes?

Después de manipular alimentos crudos, tocar residuos, utilizar el aseo o realizar cualquier tarea que pueda contaminar las manos, hay que recuperarlas en condiciones higiénicas antes de continuar.

Lo mismo se aplica cuando se cambia de una tarea “sucia” a otra que afecta directamente a alimentos listos para consumir.

Una cocina tiene que facilitar las buenas prácticas

No todo depende del trabajador.

Si faltan utensilios, no hay espacio suficiente, los productos de limpieza no están bien organizados o cada persona sigue un procedimiento diferente, aumentan las posibilidades de cometer errores.

La empresa también tiene que facilitar que el trabajo se haga bien.

Eso incluye disponer de utensilios suficientes, definir procedimientos, mantener las instalaciones, organizar los flujos de trabajo, supervisar y formar al equipo.

Una buena práctica debería poder mantenerse también cuando el restaurante está lleno.

Si solo funciona cuando la cocina está tranquila, probablemente haya que revisar el sistema.

Si trabajas en hostelería, restauración, catering, comercio alimentario o cualquier actividad relacionada con alimentos, puedes ampliar estos conocimientos en nuestro curso de manipulador de alimentos de Hayek en Tenerife.

También puedes consultar nuestra guía sobre el manipulador de alimentos, donde abordamos otras buenas prácticas de higiene y seguridad alimentaria.

 

La contaminación de un alimento no siempre empieza en una tabla o en un cuchillo.

El entorno también cuenta.

Cucarachas, moscas, roedores y otras plagas pueden moverse entre residuos, desagües, almacenes, superficies y zonas donde se manipulan alimentos. Si encuentran alimento, agua o lugares donde refugiarse, el problema deja de ser únicamente la presencia del animal.

También aparece un riesgo higiénico.

Por eso, en establecimientos alimentarios, el control de plagas tiene sentido como parte de un sistema de prevención más amplio. La limpieza, la gestión de residuos, el mantenimiento de accesos, el almacenamiento, la revisión de puntos de entrada y el seguimiento de indicios forman parte del trabajo.

Esperar a ver una cucaracha en mitad de la cocina es llegar tarde. En Hayek trabajamos precisamente con esa idea: localizar el origen, actuar sobre él y reducir las condiciones que permiten que el problema vuelva a aparecer.

Con la contaminación cruzada de alimentos ocurre algo parecido. No basta con corregir el alimento afectado. Conviene descubrir qué ruta permitió que el contaminante llegara hasta allí.

Checklist para evitar la contaminación cruzada antes del servicio

Antes de empezar un servicio, o después de una preparación con alimentos crudos, merece la pena hacer una revisión rápida:

  • ¿Los alimentos crudos están separados de los cocinados y de los que van a consumirse directamente?
  • ¿Los recipientes están cerrados y protegidos?
  • ¿Puede gotear algún producto sobre otro?
  • ¿Las tablas, cuchillos y pinzas que voy a utilizar están limpios y preparados para esa tarea?
  • ¿Me he lavado las manos después del último cambio de actividad?
  • ¿He tocado basura, cajas, dinero, el móvil u otros objetos?
  • ¿La superficie necesita limpieza o también desinfección?
  • ¿Estoy utilizando la misma bandeja antes y después de la cocción?
  • ¿Hay algún alérgeno que deba controlar en esta preparación?
  • ¿El resto del equipo sabe cómo se está organizando el trabajo?

No hace falta convertir estas preguntas en un ritual de varios minutos. Cuando el equipo está acostumbrado a trabajar así, muchas comprobaciones se hacen casi automáticamente. Ese es el objetivo: que la prevención forme parte de la operativa habitual.

Preguntas frecuentes sobre contaminación cruzada

¿Qué es la contaminación cruzada de alimentos?

Es la transferencia de microorganismos u otros contaminantes desde un alimento, una persona, un utensilio o una superficie hacia otro alimento.

Puede ocurrir de forma directa o mediante elementos intermedios como manos, cuchillos, tablas o pinzas.

¿Qué diferencia hay entre contaminación cruzada directa e indirecta?

En la directa, un alimento contaminado o sus líquidos entran en contacto con otro alimento.

En la indirecta hay un intermediario. Por ejemplo, se corta carne cruda con un cuchillo y después se utiliza ese mismo cuchillo para preparar pan o verduras sin haberlo higienizado correctamente.

¿Cuál es un ejemplo habitual de contaminación cruzada?

Uno de los más conocidos es cortar pollo crudo sobre una tabla y utilizar después esa misma tabla para preparar una ensalada.

También lo es utilizar las mismas pinzas con alimentos crudos y cocinados.

¿Cómo evitar la contaminación cruzada en el frigorífico?

Los alimentos deben almacenarse protegidos y ordenados de forma que los productos crudos no puedan contaminar los cocinados o listos para consumir.

Hay que prestar especial atención a los derrames y líquidos de productos crudos.

¿Los guantes evitan la contaminación cruzada?

No por sí solos.

Los guantes también pueden contaminarse. Hay que cambiarlos cuando corresponde y mantener una correcta higiene de manos.

¿Hay que lavar el pollo antes de cocinarlo?

No es recomendable lavar pollo crudo bajo el grifo como método de descontaminación. Las salpicaduras pueden extender microorganismos hacia el fregadero, la encimera y las superficies próximas.

La manipulación higiénica y la cocción adecuada son las medidas relevantes.

¿Limpiar y desinfectar es lo mismo?

No.

La limpieza elimina suciedad, grasa y restos de alimentos. La desinfección, cuando es necesaria, se realiza después sobre la superficie limpia para reducir los microorganismos.

¿La cocción elimina los alérgenos?

No debemos utilizar la cocción como método para eliminar un alérgeno.

El contacto cruzado debe prevenirse controlando ingredientes, utensilios, superficies y el orden de las preparaciones.

¿Por qué es importante la formación del manipulador de alimentos?

Porque permite reconocer riesgos que muchas veces no son visibles.

Saber que hay que lavarse las manos es sencillo. Saber detectar exactamente cuándo un cambio de tarea puede provocar una contaminación cruzada de alimentos es lo que marca la diferencia en el trabajo diario.

La contaminación cruzada se evita antes de que ocurra

Una contaminación cruzada de alimentos rara vez empieza con algo espectacular. Suele comenzar con una tabla que se reutiliza demasiado pronto, unas pinzas que pasan del alimento crudo al cocinado, una bandeja que vuelve a utilizarse, un paño que recorre media cocina o unas manos que cambian de tarea sin lavarse. Son detalles pequeños, pero forman parte del trabajo diario.

Por eso resulta más útil observar cómo se mueve el alimento por la cocina que limitarse a comprobar si todo parece limpio.

¿Dónde ha estado?

¿Qué ha tocado?

¿Con qué utensilios se ha manipulado?

¿Quién lo ha manipulado antes?

¿Qué va a tocar después?

Cuando estas preguntas forman parte de la rutina, resulta mucho más fácil detectar una posible vía de contaminación antes de que llegue al plato. La prevención no depende de una única medida. Depende de separar correctamente, mantener una buena higiene de manos, limpiar y desinfectar cuando corresponde, almacenar los alimentos con criterio y conseguir que todo el equipo trabaje de la misma manera.

Y eso no solo reduce riesgos sanitarios. En un restaurante, hotel, obrador o cualquier negocio alimentario también ayuda a evitar pérdida de producto, incidencias, reclamaciones y problemas que podrían haberse prevenido con una mejor organización. Si manipulas alimentos y quieres reforzar estos conocimientos, puedes consultar el curso de manipulador de alimentos de Hayek en Tenerife.

En Hayek Control de Plagas trabajamos con empresas y profesionales que necesitan prevención, control y procedimientos claros en su actividad diaria. Para solicitar información sobre el curso puedes contactar con nuestro equipo o llamar al 922 981 075.

 

¿Necesitas ayuda? Contáctanos. Un equipo con garantías.

DESDE 1999 OFRECIENDO EL MEJOR SERVICIO EN RELACIÓN A LA EXTINCIÓN Y PREVENCIÓN DE PLAGAS.

De Lunes a Viernes de 8:00 a 18:00 Sábados y Domingos Cerrados
(+34) – 922981075/076
(+34) 639479275
(+34) 606559339